viernes, 19 de noviembre de 2010

335

Aquella mañana el café, que acostumbraba beber sagradamente cada mañana, tenía un sabor diferente, quizás más amargo que de costumbre. Pero, como cada mañana, no había tiempo de pensar. Las obligaciones familiares estaban primero. Terminó de juntar las cosas de sus hijos, que inexplicablemente parecían desordenarse aun más en las mañanas, con el tiempo suficiente para llevarlos a su escuela.
Las atestadas calles absorbieron sus pensamientos… pero de regreso, no pudo evitar sentir aquella soledad que solo era posible exorcizar con la llegada del otoño, que bien sabía, marcaba un aniversario mas. Pero no su aniversario oficial, del que la sociedad estaba consciente, sino que de otro, que solo formaba parte de ella… y de él. Habían pasado algunos años, y el tiempo quizás había logrado templar la necesidad de estar juntos de nuevos; más que mal, la misma sociedad era un fuerte aliciente para condenar todo comportamiento fuera de la norma, razón más que válida para mantener ese secreto.
Acabadas las tareas que la ocupaban diariamente, buscaba la playa como el único recurso para paliar el constante vacío que había dejaba su ida; una prematura ida, a su juicio, pero por otro lado era la única manera de dar continuidad a su existencia. Lo deseaba cada día, pero aun mas en las noches, sabiendo que era un placer prohibido, lejano, incluso imposible. Pero a la vez, ¿qué fútiles resulta cualquier pensamiento ante una pasión como ésta? ¿quien puede juzgar una conducta si es que no la ha sentido realmente?
Cada otoño pensaba en lo sucedido, a pesar que ya habían pasado cinco años desde la ultima vez que se vieron. La vida diaria no era necesariamente satisfactoria, pero fue la elección de ambos. Era inevitable que apareciese la culpa, dado que había tanto que perder y muy poco que ganar, aunque esto acorde al mundo que vivían, sometidos a la moral y las buenas costumbres de los hombres y mujeres de bien; pues en el mundo que construían juntos nada de esto realmente importaba.
Hoy era un aniversario más del fin. Fueron 335 días juntos, y separados; días de frustraciones y satisfacciones, días de amor y odio, días de vida y muerte. En cierta forma el fin fue el comienzo de algo que jamás podría olvidar, y que cada otoño se hacia presente, pues fue el tiempo en que recordó estar viva, sintiendo el fuego correr por sus venas y la piel arder ante las manos de él… Era el día en que se permitía vivir nuevamente, el día 335.

V. Lebanov, 2008

1 comentario:

  1. el amar al que no está es mas fácil, el que se queda a nuestro lado...se queda con todo su ser, las cosas buenas y las malas...el otro es un otro idealizado, algo que tiene que ver con el proceso del duelo, el que se marcha, jamás es malo...

    en ese padecer de anhelar lo perdido hay algo que nos satisface...no lo se... me declaro inexperta en cosas de amor e incapaz de construir alguna teoría... talvéz inexperta no...quizás no interesada... pero si disfruto mucho las historias de amor...veo películas románticas... las disfruto mucho, pero trato de que sean con un final feliz... las odio cuando no es así...debe ser porque mi historia de amor tuvo un triste final...

    me encanto la sutiliza de tus palabras... liviana lectura... en deuda para enviarte uno de los mios...

    un abrazo

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